La implantación de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en las principales ciudades españolas responde a una exigencia legal y a un objetivo claro: reducir las emisiones contaminantes y mejorar la calidad del aire en entornos urbanos. Sin embargo, la aplicación práctica de estas zonas está generando efectos difíciles de justificar desde un punto de vista técnico.
El problema no reside en la necesidad de actuar contra la contaminación, sino en los criterios utilizados para clasificar los vehículos y regular su acceso, que en muchos casos no reflejan el impacto real que estos tienen ni sobre el aire ni sobre el tráfico urbano.
El sistema de etiquetas: una simplificación excesiva
El actual sistema de distintivos ambientales se basa en categorías administrativas (CERO, ECO, C, B) definidas por la DGT. Estas etiquetas permiten una gestión sencilla de las restricciones, pero no miden emisiones reales en condiciones de uso urbano, ni tienen en cuenta factores clave como el peso del vehículo, su ocupación del espacio público o su impacto sobre la congestión.
Como consecuencia, vehículos con características muy diferentes reciben un tratamiento normativo similar o incluso inverso a su impacto real.
Motocicletas modernas: un caso paradigmático
Las motocicletas actuales cumplen normativas de emisiones cada vez más exigentes. La normativa Euro 5 y Euro 5+, en vigor para motocicletas, ha supuesto una reducción significativa de emisiones de NOx, CO y partículas respecto a generaciones anteriores.
Sin embargo, la gran mayoría de las motos modernas continúan clasificadas con etiqueta C, sin acceso a las ventajas asociadas a las categorías ECO o CERO, incluso cuando sus emisiones reales son muy reducidas.
Diversos estudios técnicos y comparativas basadas en modelos de estimación de emisiones (como COPERT) muestran que motos Euro 5 pueden emitir menos CO₂ y significativamente menos NOx que determinados turismos con etiqueta ECO, especialmente en escenarios urbanos reales. Esta discrepancia pone de manifiesto que el sistema de etiquetas no está alineado con las emisiones efectivas.
El significado real de la etiqueta ECO
La etiqueta ECO no implica necesariamente bajas emisiones en términos absolutos. En muchos casos se concede a vehículos con sistemas mild-hybrid o soluciones técnicas que mejoran ligeramente la homologación, pero que siguen siendo vehículos grandes, pesados y con motor térmico.
En entornos urbanos, estos vehículos:
- ocupan más espacio
- generan mayor congestión
- requieren más tiempo de búsqueda de aparcamiento
- incrementan sus emisiones reales en circulación lenta
Pese a ello, su acceso a ZBE suele estar permitido sin restricciones, mientras que vehículos más ligeros y eficientes quedan limitados.
El impacto del tráfico y la congestión
Uno de los factores menos considerados en la regulación actual es el impacto indirecto del tráfico inducido. Un vehículo grande circulando durante largos periodos en busca de aparcamiento puede multiplicar su huella ambiental, tanto en emisiones como en consumo energético.
Las motocicletas, por el contrario, contribuyen a:
- reducir la congestión
- disminuir los tiempos de desplazamiento
- optimizar el uso del espacio urbano
Desde el punto de vista de la movilidad, penalizar este tipo de vehículos resulta contraproducente si el objetivo es mejorar la eficiencia del sistema de transporte urbano.
Un enfoque que necesita revisión
La actual configuración de las ZBE prioriza la facilidad de control y sanción frente al rigor técnico. El resultado es una normativa que, en determinados casos, penaliza opciones de movilidad más eficientes y favorece otras con mayor impacto real.
Una política medioambiental eficaz debería basarse en:
- emisiones reales en uso urbano
- peso y ocupación del espacio público
- contribución a la congestión
- evolución tecnológica efectiva del vehículo
Mientras estos criterios no se integren en la regulación, el riesgo es evidente: deslegitimar una herramienta necesaria y generar rechazo social hacia medidas que, bien diseñadas, podrían ser efectivas.
Conclusión
Las Zonas de Bajas Emisiones son una herramienta necesaria, pero su diseño actual presenta incoherencias técnicas que conviene corregir. La clasificación basada exclusivamente en etiquetas administrativas resulta insuficiente para abordar un problema complejo como la movilidad urbana.
Actualizar los criterios, incorporar datos reales y diferenciar entre tipos de vehículos no es una cuestión ideológica, sino una exigencia técnica si se pretende que las ZBE cumplan realmente su función medioambiental.



